Un poema de Ingrid Odgers

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martes, julio 17, 2018

Novela Más silenciosa que mi sombra de Ingrid Odgers

"Más silenciosa que mi sombra", de Ingrid Odgers: las necesarias lecciones del desamor



Quisiera comenzar citando dos fragmentos de la obra La creación poética (1969), de José Miguel Ibáñez, a partir de los cuales estructuraré esta breve presentación. Si bien no están referidos estrictamente al quehacer narrativo, me parecen pertinentes para adentrarnos en una breve descripción de Más silenciosa que mi sombra.

Señala Ibáñez que “en el poema hay vida y experiencia, y las hay con una intensidad concentrada y máxima; pero solo cuando esta vida se hace vida de la forma, cuando esta experiencia se hace lenguaje, solo entonces hay poesía”. Pues bien, Más silenciosa que mi sombra es una novela escrita en formato de un diario de vida, y esto no casual. ¿Existirá algo más irreductiblemente íntimo, algo más secreto e inconfesable que las palabras náufragas que se refugian en un diario de vida? Verónica, la protagonista, se esmera en que sus confesiones queden a resguardo de las manos -indiferentes- de Alberto. Y es que al esposo distante y dotado de una frialdad brutal poco parecen importarles el sufrimiento, la precariedad afectiva de Verónica, que finalmente y al principio culposamente, cede a la posibilidad salvadora de salir a buscar a otro alguien que le devuelva su juventud y su sonrisa.



Vida y experiencia; experiencia que se hace lenguaje en clave de diario de vida, único compañero de las alegrías, penas y desventuras de Verónica. Es gracias a este diario que nos llega su testimonio de soledad, hastío y postergación. El libro de Ingrid no escatima en buscar la identificación con el lector o lectora, e incluso ofrece ciertos pasajes que permiten situar a quienes exploran sus páginas en una dinámica de reconocimiento.

Afirmo, las relaciones familiares se deterioran al no saber decirse las cosas con amor y comprensión, al no saber interpretar uno lo que el otro le quiere decir, al tratar de cambiarle a como dé lugar para hacer realidad las expectativas que llevaron al matrimonio, al asumir actitudes defensivas cuando se sienten atacados en su intimidad, al no sentirse aceptados por ser como son, y al no contar con el estímulo para asumir con plena libertad la mejora personal (p.43).

Lo anterior permite establecer igualmente un diálogo con las motivaciones creadoras, en este caso, tanto de Verónica, como de la propia autora de la novela. Nos acercamos, pues, a la “percepción ideal de la obra”, que consiste en la participación activa por el espectador de las motivaciones creadoras (vivencias, sentimientos, inspiración, intenciones), ta como en el alma del artista dieron lugar a la obra (Ibáñez, 1969:27).

Ese puente, aquellos “vasos comunicantes” que establece Ingrid en el lector no serían posibles sin la utilización de un lenguaje sencillo y directo, “cotidiano” si se quiere, pues es precisamente el uso de este lenguaje el que nos permite aproximarnos a la intimidad del hogar quebrado, de la familia disfuncional, pero también de la crisis existencial y del desamor.

Sentirse prisionera tampoco es un estado de felicidad, ni qué decirlo, es estar enjaulada con trozos de hielos que congelan el alma, no hay pira que lo consuma, transforma a la vida en un estado casi agónico. Cuando Alberto está en casa, la vida parece más dura, más condenadamente insufrible. Y eso que está poco (p.98).



Verónica, a sus jóvenes 35 años se cree vieja. Acepta la postergación que padece como una consecuencia natural de su “vejez”, y le parece como si la vida avanzara sin ella. Los constantes episodios de soledad, la conducta a ratos “enajenada”, el hecho de no sentirse plena o al menos “en igualdad de condiciones” en las conversaciones que sostiene con sus amistades son prueba de ello. Adonde quiera que va, incluso dentro de su propia casa, es una extraña. Y solo pareciera asomar la conciencia del necesario -e inminente- despertar de esa realidad frente a las frustraciones ajenas, como la de Pepiña, la fiel asesora del hogar.

Sí, Ingrid consigue que no permanezcamos indiferentes frente al desenlace. A medida que avanzamos en la lectura, las cosas se tornan inciertas, arremolinadas; lo único que nos queda claro, y es la impresión que posee el libro desde su primera página es que “algo grande va a pasar”. Fíjense qué curioso. Sometidos muchas veces en nuestra propia existencia a la rutina de una vida infeliz, haciendo eco de lo que Adamo inmortalizó como: “es mi vida, no es un infierno, tampoco es un edén”, y que bien podría constituirse como un himno de los amores fracasados, de las relaciones disfuncionales; de las pasiones kármicas o como quiera llamárselas; bueno, sometidos a ese infierno sobrevivible y aletargante, muchos optamos por cerrar los ojos -y pensándolo bien, todos nuestros sentidos-, y dejarnos arrastrar por la inercia. Con eso de que “tan malo no es esto”, o “al menos todavía tengo mis pequeños momentos de alegría”, como si la felicidad fuera ya inalcanzable, “a esas alturas”, “mejor diablo -o diabla- conocido que por conocer”, cerramos la puerta y nos tragamos la llave.

Es aquí donde yo me pregunto -es inevitable-: ¿cuántas verónicas, cuántos verónicos nos ahorraríamos como sociedad con una adecuada educación sentimental? ¿Acaso no son estas “habilidades blandas” de a vida las que se encargan de resolvernos los problemas más “duros”? Me duele esta Verónica, me duele en el alma y todo el rato que transcurre mi lectura de Más silenciosa que mi sombra no puede dejar de dar vueltas en mi cabeza su figura deambulando de un lugar a otro de la casa; conformándose con la mezquina rebanada de felicidad que se anida en el amor de sus hijos, o en la casi ingenua emoción y ansiedad que antecede a sus juntas con las amigas. Bien Verónica, son finamente los amigos y amigas quienes acaban por sacudirlo a uno. Es la contemplación de las vidas ajenas, siempre imperfectas, a veces felices, a veces no, pero reales al fin y al cabo. No es la felicidad ajena sino el simulacro de la nuestra la que nos remece y despierta.

Y entonces tiene lugar la subversión, el decidirse a ir al encuentro de lo prohibido. Verónica y Matías. Verónica y Álvaro. Nuevas personas para enfrentar las mismas dificutades, como dice una canción por ahí. Entrar en la búsuqeda de ese otro que acabe de liberarnos de la cárcel que sigilosamente la vida se ha encargado de tendernos y perpetuar en nosotros…, hasta aquel instante definitivo: caemos en la trampa.

Reflexiono en nosotros, convertidos en amantes, furtivos enamorados, en lo terrible que es la infidelidad, ella no nos hace más felices, nos corrompe al convertirnos en embusteros. La trampa del engaño tiene la ferocidad de un gato montés. Pienso: nos hiere en las cuerdas del placer (p.63).

Lo que sobreviene es la contemplación de uno mismo como un ser curioso, una nueva forma de vida extraña que se abre paso hacia nosotros sin que casi nos enteremos. Al menos, la contemplación en el espejo nos parece un ritual ligeramente menos patético que antes. Eso sí, cualquier brillo en la mirada no podrá omitir su carga culposa, después de todo, estamos haciendo mal, estamos siendo infieles. Casi sin reconocer que hace mucho, muchísimo tiempo, comenzamos a sernos infieles a nosotros mismos.

Álvaro llamó temprano y yo feliz de escucharlo. Hoy lo vería. Vamos a dar una vuelta a Talcahuano, Tumbes o al aeropuerto, me dijo. Pensé: dónde me lleves está bien, el lugar no importa contigo al lado. Soy una fresca, me digo, por primera vez no me asusta serlo o parecerlo (p.81).



Lo que viene después lo dejo a a expectación del lector o lectora. Es él quien habrá de juzgar o no a Verónica, a la espera de “eso grande” que está por pasar…, y pasará. Está en todos y todas las potenciales Verónicas el atender a tiempo el llamado de nuestra propia felicidad, sea porque está allí para cobijarnos del mundo exterior, para armonizarnos con él, o bien para evidenciar nuestro apego a una vida exenta de emociones y afectos.

Estoy convencido que el amor es un acto revolucionario; contrario sensu, el desamor es lo más reaccionario que puede haber, ya que atenta a las raíces mismas de aquello que esencialmente somos. Más silenciosa que mi sombra es un grito que nos alerta frente a estas cuestiones que de tan aterradoramente cotidianas que son a mí en lo personal me horrorizan. Verónica se vuelve hacia nosotros, lectores todos, con la urgencia de examinarnos a nosotros mismos: quiénes somos y hacia dónde vamos. Movimiento propio y no ajeno, no vaya a ser cosa que de tanto autoconvencimiento, de tanta resignación, acabemos transformándonos en una sombra. Salgamos de allí. Gracias, Ingrid, por el consejo.

Concepción, viernes 9 de marzo de 2018.


miércoles, agosto 27, 2014

CRÌTICA LITERARIA DE LA POETA ROSSANA ARELLANO A LA NOVELA "DE TU SANGRE CAUTIVA""


CRÌTICA LITERARIA

OBRA                         : DE TU SANGRE CAUTIVA 
AUTORA                   : INGRID ODGERS
EDITORIAL              : SEGISMUNDO
AÑO                      : 2014 (Segunda Edición, Primera Edición de Editorial Segismundo) 



Con aquella mención de “LOS HERALDOS NEGROS” del poeta Peruano, César Vallejo,  y unas cuantas citas desde la primera hojeada, ya el libro de la escritora Ingrid Odgers Toloza, Concepción, Chile,  marca un rumbo de una narración matizada de ideas claras y como si de un árbol se tratase, iré directamente al tronco y su irregularidad rugosa, hasta que aparezcan con claridad y simpleza las ramas, por las que he de transitar.

La voz que sueña y aprovecha el eco o pueda ser el eco mismo de quien narra ofreciendo su lenguaje y presencia de modo narradora en primera persona, quien se descuelga por un costado o definitivamente camina silenciosamente entrelíneas.
(Aquella eterna falta de oportunidad para mostrar nuevos talentos, especialmente a personas que residen en  provincias).
Domiciliada en el Sur, resulta lógico que se abandere casi en ofrenda, con el dolido estandarte de los “ninguneados”.

Dolor, desamparo, amistad, amor, realidad, ficción, resentimiento, aceptación, etc. Donde la conformidad, no se conjuga en el vocabulario de Ingrid Odgers, definitivamente sería  una especie de pecado ofrecido a la cautividad de la palabra.

Las ideas entonces, pasan a ser como medidas métricas y parte de un proceso de auto sanación  o llamado de justicia, si así se le prefiere llamar.

-“El viento tira hacia el Sur y rodea el Norte, va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo”. “Los ríos todos van al mar y el mar no se llena, al lugar donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo” El Predicador- Eclesiastés 2,3.

Buscamos la sabiduría, nos dedicamos de corazón, hasta alcanzar a ver en la fatiga del ojo, que no quedará memoria de lo que ya ha sido.

Con un lenguaje claro y cargado de imágenes descriptivas, múltiples metáforas, agradables ironías,  que invitan a integrarse, acepto establecer mi tiempo  en el andén de la escritura que se me ofrece y llorar, reír o bailar con las letras, que sin pretensión de obligar a nada, vuelven, como el viento, para nacer de nuevo. 

Como si de una orquesta múltiple o más de tres de ellas se tratase, sin vanidad la palabra se engrandece y pasamos a ser también un instrumento en nuestra responsabilidad como lectores.

El personaje central, “Isabel Miranda” cuenta de su amigo “Pedro” quien en su infancia fue favorecido por una situación económica holgada, con los años pasa a convertirse en escritor-poeta, motivo por el cual la  mayoría del tiempo no tiene ni para comer. Cuestión que por lo demás no le quita el aliento, ni su gran pasión por las letras.

Sea acaso Pedro, la oración de Isabel y ambos, hijos de oración del llamado  de  Odgers, al decir durante toda su obra (materia pendiente para tanto escritor que marca la diferencia):

-“Oye, tú, que me lees, mantén abiertos tus ojos y atentos los oídos, que no quedes atrapado en el sistema tan manoseado, nos habla este,   "DE TU SANGRE CAUTIVA”.

No es alabanza ni adoración, no beso mandamientos de la letra, sin embargo abrazo como propio el grito mismo y me levanto, para habitar un tiempo Salomónico, que se produce en la magia de la escritura y nos permite dejar de ser víctimas, sin ruegos, sino que fortaleciendo la dignidad del escritor al cual o se le niegan los espacios o definitivamente les atrancan las puertas.

Es así como en “Conjugación” lo manifiesta Isabel, quien narra y es amiga de infancia, de quien tanto admira: “Pedro”…

CITO:

“Ustedes preguntarán ¿Qué puedo admirarle?
Responderé en tal caso: su perseverancia, la repulsión total a lo material. La capacidad de crear y el desenfado que le permiten el intelecto y el espíritu con que fue dotado”.

Entonces diré, que todo tiene su tiempo y su hora.
Como un Isaac, ofrecido en sacrificio a Dios, para ser consagrado a una vida superior, sin lugar específico en el plano terrenal, creciendo en espíritu para ser luz, en el llamado a la conciencia humana.

El privilegio de la amistad y el afecto sincero, trasciende a pesar que el ajetreo de la vida se encarga muchas veces de alejar a las personas. Hay que arrancar las páginas de la Guía del Egoísta y celebrar pactos silenciosos, espíritu a espíritu.

-El ser humano se reserva la toma de conciencia con la realidad, se produce como una especie de juego psicológico.
La mente es un instrumento exigente, obviamente dependerá de la madurez y situaciones de vida de cada quien.

El proceso evolutivo de crecimiento se construye de acuerdo a los principios que la mente domine.

Dice Ingrid Odgers, en su libro “De tu sangre cautiva”

– Efecto Mariposa-

“Leer nos cambia, tú lo sabes bien, asevero, la lectura nos descubre realidades que transforman nuestra forma de imaginar, de amar, de pensar. Esto me hace recordar, aquellos que conocemos como, el Efecto Mariposa,… su nombre proviene del antiguo proverbio Chino “El aleteo de las alas de una mariposa, se puede sentir al otro lado del mundo”. Ya sabes, la interpretación es que la realidad no es mecánica y no es lineal, o dicho de otra forma, que el hombre y la ciencia son incapaces de predecir y controlar la realidad, y que existe un orden en los acontecimientos aparentemente aleatorios. Sin darnos cuenta, ocurren cambios”.

-Se señala reiteradamente a lo largo del libro que el hombre tiene una doble naturaleza; psicofísica y espiritual, ambas naturalezas como hermanas gemelares van unidas. ¿Esperamos tal vez un cambio?

Existe algo más a lo largo de todo el libro y es la cuestión sexual, ese amor-adoración, por momentos tierno, en otras con una rabia tremenda, en ese querer-no querer, un pulseo acumulado por años, como si el carro del sexo, quisiera ser galopado por mil jinetes, pero existe mucho más que se extrae en un universo sin fronteras que generosamente Ingrid Odgers, nos entrega, sin necesidad de pancartas ni cartas de invitación. Cuestión que se agradece.

En “De tu sangre Cautiva”, existe un contenido simbólico y universal, un aferrarse a los valores sin permitir el anquilosamiento de ellos.

No se trata de una amistad pretendida, sino de aquella que ha cumplido todas las etapas y sin temor a caminar, sin dejar de mirar atrás, con certeza que no ha de convertirse en estatua de sal, “Isabel” no se envilece en el tiempo de los hombres, sino que hábilmente aprovecha la evolución humana que camina entre prejuicios que encadenan el alma.

Ingrid Odgers, casi como en un acuerdo tácito, logra que el lector troque su propio estado de conciencia y honre los sueños del hombre, encontrando respuestas a interrogantes de vida, que no por comunes, dejan de inspirarnos sin desbaratar el lenguaje que llevamos cada uno de nosotros.

Si bien es cierto, existen, acumuladas energías, todas ellas se presienten, liberan y alcanzan su ciclo de evolución y cúspide, cuando desplegamos el espíritu con hambre como si la palabra fuese un maná.

Elige la autora, una senda donde no pocos han sido tentados, la “narrativa”.

Ingrid Odgers, despliega así sus cartas sobre la mesa, sin blufear, lo que desde ya constituye un triunfo, sin manipulación de relatos y con una lógica que resulta clara de entender, nos hace retornar a la riqueza de ese “ser humanos” que sabe las consecuencias de lo que significa dejar el mundo material y la ambición, que esclavizan.

Tal vez existe la posibilidad de intercalar frases como en una “llamada de atención” a lo que pesa ser escritor en Chile, específicamente  y no sólo resistiendo ser mujer, sino que además residir en provincia.
No tocamos madera, ni nos vestimos de rojo o nos vamos por las ramas o nos caemos a las matas, ni buscamos nuestros ecos a ras de suelo, cayéndonos de borrachos perdidos.

Con dificultad se hace tarde para vociferar de cierto modo, que no se cumplen promesas, que aquellas  mal llamadas “vacas sagradas” nacieron y se perfilan sin nada de sagrado, y el hilo de la espera, al parecer tiene un sólo extremo.

Hay gente muerta y sin remedio se quedan adosados en bifurcaciones de la asquerosa “política” de los trepadores, y lo que resulta del todo vergonzoso es que no tienen madera o si algún día la tuvieron, hoy está todo tan podrido, que nos hace torcer el cuello por lo irrespirable.

Puedo decir, que el pasado es pesado, en nuestro Chile, Mistral, Neruda, Lihn, Rokha, Rojas, Teillier, Castro, Huidobro, etc.

He visto calaveras que sujetan en silencio la puerta de salida de izquierda a derecha, de zurdo a diestro y están también los domadores de serpiente del hoy que anidan a la sombra o definitivamente son tan descarados que publican libros con un arte que se queda nada más en el silbido o siseo.

-De la tierra puede nacer pan, procurar que toda mano hambrienta se sacie, es un sueño inocente. Sin embargo, si con humildad te conviertes en el pan mismo, tu tiempo no será huérfano.

Queda decir que  la madera de sándalo de su escritura, edifique y sean multiplicados los caminos de Ingrid Odgers Toloza, Isabel-Pedro, nunca siervos, sino ESPÍRITUS LIBRES.


Rossana Arellano
Escritora-Poeta
Agosto -2014


VIDEO POEMA

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POEMA LATIDOS

Creación digital

Ingrid Odgers - Entrevista en Amor al Arte

Ingrid Odgers en Universidad - Descentralización poética Chile

Entrevista

Lanzamiento de la Novela De tu sangre cautiva

Ponencia abril 2009 - Universidad de Concepción

Ponencias, discursos, entrevistas

Puertas abiertas

Ser designada miembro del Consultivo Nacional de la Cultura y las Artes de mi país, ha sido un honor, lo más relevante de mi carrera literaria, un reconocimiento a mi labor como creadora y a la intensa gestión cultural que he desarrollado durante largo tiempo. La incorporación de mi obra a la Historia de la Literatura Hispanoamericana de Polonia, ha sido una gran alegría y hoy, el Premio del Fondo de Apoyo a Iniciativas Culturales área Literatura, categoría Novela, que otorga la Ilustre Municipalidad de Concepción, reconoce y respalda mi creación artística-literaria. Estas distinciones han sido un bálsamo para quien ha luchado contra la adversidad y el dolor, que provoca en todo ser humano, la larga y penosa enfermedad del ser que nos da la vida: nuestra madre, es a ella y a mis hijos, a quienes dedico todo éxito y honor recibido como escritora nacida en Concepción de Chile. Creo que debo expresar mi gratitud al Gran Hacedor por permitir en la carencia, soledad e incertidumbre la posibilidad de vivir y crear.

Dedicatoria

A mis hijos Carlos y Pablo, a mis nietos: Carla, Ignacio y Martín

REFLEXIÓN



Comienza la aventura de un sueño
La penumbra familiar aletea sus párpados
No sé lo que es ser poeta
Precisamente es una evidencia lo que me hace escribir poesía
o ¿axioma?
Una marca invisible que a nada me vincula
Una práctica que parte de una sombra
Un destino no elegido
Una lengua que muerde mi inconsciente
O la ausencia pesada insoportable
del límite
del juicio
quizás la certeza de no desear ser víctima
de un acontecimiento que viene del azar
o la ceguera:
La falta de memoria
Quizás Ser poeta
Es luchar contra
ese HORROR.

contenidos

Comentario

Recibido
de
Roy Davatoc
Asunto: Escritora Ingrid Odgers
Enviados: 29 diciembre 14:44
Quizá la falta de conocimiento en la tecnología no me alcanza para permitirme dejarle un comentario general a su poesía. Admiro a las personas que dedican su vida a las artes en general. Quiero agradecerle por el hecho de compartir su poesia en este medio. Es para mì una suerte tener conocimiento de su trabajo; loable, para mi.
Muy aparte, me es grato su poesía porque se maneja con un lenguaje fuera de lo coloquin, muy nostálgica y con nueva revolución en poesía. Quiza se acerca a los toques vanguardistas y urbanos.
Es agradable porque se puede aprender de él.
Felicito su poètica, su pasion y su objetivo.

Salud por la poesia, la literatura y el arte en general.